FICG31 | Catálogo de Películas - page 200

Ron Perlman no es un actor de esos que son porta-
da en las revistas que consumen las adolescentes
ávidas de romances vampírico- luminosos, ni es
nota en los programas de chismes de Hollywood,
pero les puedo asegurar algo: este hombre en una
convención de cómics es un dios ¿Por qué? ¿Por-
que hay algo más cool que ser un monje deforme
en una lejana abadía, el líder de unos motociclistas
o el demonio que poseé la llave del Apocalipsis en
su puño? No lo piense tanto, no lo hay.
En sus primeras películas sorprendió a la crítica
con sus actuaciones tanto en
La guerra del fuego
como en
El nombre de la rosa,
ambas dirigidas por
Jean-Jacques Annaud y basadas en las novelas
homónimas de J. H. Rosny y Umberto Eco respec-
tivamente. Era notable cómo el actor era capaz de
transmitir una gran gama de emociones con todo
ese maquillaje prostético encima. Ron parecía no
tener problemas para conmover a la audiencia con
sólo la mirada, el uso de sus cuerdas vocales y su
dominada expresión corporal. Poco después vino la
serie para la CBS,
La Bella y la Bestia
.
Todo indicaba que su carrera estaba en estre-
pitoso ascenso, sin embargo, a inicio de la década
de los 90, el actor se encontraba en una crisis
artística y personal. En palabras de Perlman: “El
fuego creativo que me había movido anteriormente
llevaba tiempo extinguido”. Entonces, le llegó un
paquete por correo, procedente de un lugar de
nombre extraño: Guadalajara. Lo mandaba un joven
desconocido, un tal Guillermo del Toro. El paquete
contenía el guion de una rara “película de vampi-
ros” y una sentida carta. Ron Perlman tomó una
decisión, eligió confiar en un novel cineasta y viajó a
México para filmar en español.
A partir de ese momento nació una gran amistad
entre estos dos personajes y fue el inicio de una
larga lista de proyectos independientes impulsa-
dos por el actor. Esto es lo que lo hace grande, su
capacidad de dejarse llevar por aquello que cree.
Porque no importa el lugar ni el director, si un papel
lo requiere él lo hará y no escatimará en recursos
para lograr que ese cuento sea relatado. Gracias a
eso, Ron Perlman fue partícipe de un parteaguas en
la cinematografía tapatía y, de cierta forma gracias
a eso, en el futuro, habrá personas que no querrán
ser Superman, pero soñarán con ser Hellboy.
¿Qué hace hombre a un
hombre? Se preguntó un amigo
mío alguna vez. ¿Son sus
orígenes? ¿La forma en que
llegó a la vida? No lo creo.
Son las elecciones que hace.
No es la forma en que inicia
las cosas, sino cómo decide
terminarlas. "
John Myers
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