Mayahuel
Iberoamericano
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Juan de Dios Larraín

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En 2004 los hermanos Juan de Dios y Pablo Larraín (1976) crean la empresa llamada Fábula. Ese año la producción del cine austral es muy sintomática: de un lado permanece el recuento de daños que el golpe de Estado de 1973 desata (Machuca de Andrés Wood y Salvador Allende de Patricio Guzmán), también están las apuestas por un cine popular. Ese año coinciden dos generaciones, la de Patricio Guzmán (1941) y Silvio Caiozzi (1944), que se enriquece con nuevas presencias como Andres Wood (1965).

Cuando los hermanos Larraín producen Fuga (2005), Juan de Dios en la producción y Pablo en la dirección se puede afirmar que emerge una nueva generación; una generación que enfrenta las difíciles condiciones del cine latinoamericano y chileno en particular. Cada cinematografía vive complicados procesos para consolidar un público local y construir un aparato que les permita rebasar las fronteras.

Hasta 2000 la parte más conocida del cine chileno es el que retrata su pasado inmediato, en particular los procesos individuales o colectivos que se fracturan a partir de ese septiembre de 1973. El cine comercial, dedicado a un hipotético público masivo, queda confinado a las especificidades locales. Las estrategias de Fábula tienen dos momentos relevantes: el éxito de Tony Manero (protagonista en el Festival de Cannes), cuya resonancia les permite emprender un proyecto complicado: Postmortem, austero retrato del forense que practica la autopsia a Salvador Allende, cuya muerte es materia de un enconado debate. En la edición 26 del FICG, el cine chileno arrasa con los Mayahueles: Postmortem recibe el premio de mejor película de ficción y Nostalgia de la luz se lleva el reconocimiento en el documental.

La décima producción de Fábula forma parte ya de la historia de nuestros cines: No es la descripción de la campaña que encabeza la oposición a Pinochet a fin de evitar su reelección. No destaca por su nominación al Óscar en la categoría de Mejor Película Extranjera, por primera vez el cine chileno está presente en la gran fiesta de Hollywood.

Si un chileno hubiese dicho, en 2004, que va a filmar una película sobre el asesinato de Kennedy, en Washington y con un reparto encabezado por varios de los mejores actores norteamericanos, hubiese provocado sólo sonrisas irónicas. La íntima épica de Jackie confirma que nuestros cineastas no están condenados a los límites de la pequeña aldea. En quince años Fábula ha logrado crear una historia propia de su nombre.