La vida artificial de los espíritus


Por Samuel Lagunas
Tras el cristal, Agustí Villaronga, España, 1986

A veces el espíritu muere antes que el cuerpo: ocurre en las guerras, en los genocidios, en las violaciones. En Tras el cristal el cuerpo del médico alemán Klaus (Günter Meisner) permanece gracias a un artefacto que lo blinda y encierra permitiéndole respirar. Padre de Rena (Gisela Echavarría) y esposo de Griselda (Marisa Paredes), Klaus pasa sus días reducido a espectador de sus cuidadores y a veces, gracias a un espejo, logra orientar sus ojos hacia lo que está detrás de él. Pero también el inesperado enfermero de aspecto vampírico Angelo (David Sust) subsiste a pesar de tener un espíritu inerte y un cuerpo convertido en eco de sus atroces experiencias infantiles.

La muerte del pensamiento

Por Samuel Lagunas
Mente revólver, Alejandro Ramírez Corona, México, 2017

En un rocambolesco ejercicio de ucronía histórica Mente revólver plantea un tiempo en el que Mario Aburto, acusado del magnicidio de Luis Donaldo Colosio, es dejado en libertad y regresa a trabajar en una maquila en Tijuana. Lo arriesgado de una premisa así se integra en un tríptico de personajes que tratan de oponerse al destino que el sistema les ha asignado: Chicali (Hoze Meléndez), un músico responsable de su moribunda abuela que se verá cooptado por un grupo de criminales, Jenny (Bella Merlin), una mujer norteamericana que cruza a Tijuana para vender un arma y Mario (Baltimore Beltrán), un resentido social con aspiraciones mesiánicas.  

Mente Revolver: un disparo político al aire

“De todas las artes el cine para nosotros es la más importante” dijo alguna vez Lenin para enfatizar el alcance y la fuerza que puede llegar a tener un filme. Empero, la pantalla se agota si el mensaje no es claro y este es el caso de Mente Revolver (2017), trabajo más reciente del director mexicano Alejandro Ramírez Corona, conocido por su cine de denuncia política.
En Mente Revolver, Ramírez nos presenta tres historias paralelas donde el revolver es la pieza de enclave y a la vez metáfora del deterioro social: Mario, Chicali y Jenny ven sus vidas arruinarse a partir del momento en que un arma entró en contacto con ellas.

La decadencia de un cuerpo sustituto

Muchas veces en el cine, la decadencia es una puerta hacia la transformación tanto física como psicológica. El hilo vulnerable que se entreteje al acercarse a cierto final, sea en forma de redención, acto de renuncia o suicidio emocional, por decir algunos calificativos, se matiza como un descenso definido hacia lo inevitable, lo perverso o lo alegre, muchas veces condenado por el retorno al pasado, el espanto de la crueldad y un onírico sentido de atracción hacia el horror y el pecado. En Tras el cristal (1986), primer largometraje de Agustí Villaronga, se construye una espiral de delirio que, como dice uno de los personajes, encuentra la fascinación en el horror y la perturbación, en la doble personalidad y la máscara que, si aludimos al sociólogo Erving Goffman, se asoma en una fachada dramatúrgica que en algunos contextos no intenta esconder su esencia.

El sufrimiento como una de las bellas artes

Alonso Aguilar
12 de Marzo, 2018

En esencia, el cine se trata de sentir. Ya sea con los sobresaltos más primarios o con profundas reflexiones sobre la naturaleza del ser, desde su concepción las películas han conjugado distintas dimensiones sensoriales como un diálogo directo con aquel que las ve. Dentro de las posibilidades que implica esta inmersión, surgen aquellas propuestas cuya razón de ser se gesta desde la ruptura de los límites establecidos. Es a lo que se refería el infame director estadounidense Nick Zedd cuando decía que “todos los valores deben ser cuestionados. Nada es sagrado” en su manifiesto del Cine Transgresor. 

La paja es un acto político

Se está limitado a existir dentro de un cuerpo. Un espacio aparentemente arbitrario que desde la gestación predetermina las posibilidades que se tendrán. Históricamente la dicotomía entre este y la mente favorece a la última como el sitio del pensamiento político, pero cuando se esclarecen los componentes de un tejido social opresivo hacia lo que considera abyecto, hasta la más mínima experiencia sensorial se carga de peso subversivo. En Vivir y Otras Ficciones (2017), el cineasta catalán Jo Sol explora este discurso desde la autodeterminación de los cuerpos rotos, aquellos que luchan para forjar una identidad desde un entorno que sólo discierne su invisibilidad para exaltar su percibida minusvalía.

El paraíso ofertado por Sebastián Hofmann

Cuando pensamos en el paraíso imaginamos un lugar extenso, agradable, lleno de energía y color. Pero sabemos que estas imágenes forman parte de una efímera existencia que se apaga conforme se aleja del contacto humano. Quizá esta es la idea que, al igual que en Halley (2012), su primer largometraje, el mexicano Sebastián Hofmann nos quiere vender en Tiempo compartido (2018).

Habitar en la diferencia

En tanto imagen —visual y sonora— el cine es un acto político. Incluso si en su realización es negada dicha posibilidad, es inevitable que su existencia no desprenda, a priori, una ideología. Vivir y otras ficciones (2016) cinta del español Jo Sol, hace del acto político su razón de existir, logrando no caer nunca en lo panfletario ni didáctico.