Souvenir: regalo vacío y sin envoltorio

Toda manifestación cinematográfica es un canal ideológico que por su extensivo alcance puede resultar peligroso, la concepción autoral de algún tema de interés transversal está expuesta a presentarse como un dogma difícilmente refutable por la unidimensional que representa el séptimo arte. En ese sentido, Souvenir, una cinta cuya línea discursiva es la maternidad subrogada, no peca de dogmática, pero tampoco de interesante, coherente o informativa.

Oraciones de Neón

Después de explorar el Brasil rural en Ventos de Agosto y Boi Neon, Gabriel Mascaro se traslada a la ciudad para indagar por primera vez en su carrera en la especulación sobre el porvenir de Brasil, y así realizar una disección del estado político y social contemporáneo de este país sudamericano.

Sólo es música

Hay películas que demandan una discusión al interior de sus límites, otras dialogan constantemente con elementos externos. A este segundo grupo pertenece Black is beltza.

Desde el título, el largometraje de animación del músico y realizador vasco Fermín Muguruza nos declara su discurso político y musical. A la memoria vienen el Black power de las Panteras Negras o la canción de la banda española Los bravos, Black is black. Por consiguiente, nos situamos en una década caracterizada por el impulso de la juventud, por el deseo de la revolución sociocultural, nos situamos en los años sesenta.

Midnight Family: Los fantásticos Ochoa

Debido a sus peculiares rasgos y personalidades, la familia Ochoa podría ser la protagonista de una serie de televisión realizada a base de dibujos animados, la anécdota sería la de una familia que se dedica al rescate de personas al borde de la muerte en la caótica Ciudad de México. Estos individuos irían a bordo de una ambulancia que vuela de un accidente a otro rescatando a los ciudadanos y resguardando lo que en ocasiones sería su último aliento.

El falso altruismo

Cuando se habla sobre el otro desde una posición de privilegio, es muy común caer en discursos frívolos y complacientes, que no encapsulen aquello sobre lo que se quiere hablar. Esto es justamente lo que sucede en “45 días en Jarbar”, la obra del artista plástico y director César Aréchiga.  

Un cuerpo propio

Con su ópera prima, Los tiburones (2019), la realizadora uruguaya Lucía Garibaldi alimenta el corte introducido por la mirada femenina en el mapa cinematográfico contemporáneo en Latinoamérica. Su película se suma a una serie de obras que apuestan por visibilizar el imaginario de las mujeres y socializar sus valores, romper con cualquier esencialismo respecto a sus identidades y cuestionar los conflictos experimentados por su representación; tanto desde lo específico formal —al burlar las pautas sistematizadas por la testosterona—, como desde lo estrictamente discursivo —al observar una experiencia racional y emocional privativa de las hembras.

Pulsión voraz: Los tiburones

Al contacto con la tierra, la orina se transforma en una masa pantanosa, Rosina, llena de curiosidad, la pisa sin importar que al hacerlo se impregne de este líquido humano que no proviene de ella. Lo hace despojada de toda vergüenza, así como tampoco se cohíbe al observar el pene erecto del mismo hombre que orina en la intemperie frente a ella. Para Rosina, el pudor y la intimidad quedan en segundo plano en el espectro de su moral, resulta más penoso comer los óvulos de una gallina o privar a una perra de su libertad al aprisionarla como mascota doméstica. Rosina es una anomalía, una irregularidad fascinante.

La búsqueda sexual desde el cuerpo y la sal

El debut como directora de Lucía Garibaldi emparenta a una criatura de más de 100 kilogramos con una menuda adolescente. La cineasta uruguaya engancha el comportamiento de un tiburón al autodescubrimiento de la sexualidad de Rosina.