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Guillermo del Toro
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Guillermo del Toro.
De la Geometría a La forma del agua

En 1990 se publica el libro Alfred Hitchcock, lo había escrito Guillermo del Toro; formaba parte de una colección editada por la Universidad de Guadalajara. No es fortuita la elección de Hitchcock, Del Toro estudia a un autor cuya obra se distingue por la eficacia en el relato, por dotar de un universo personal a los géneros hollywoodenses… también los vincula una infancia donde “los normales” los habían arrinconado agresivamente. Los dos encontraron en los relatos y la imaginación la posibilidad de enfrentar la dura infancia que vive el niño con sobre peso.
Previamente el joven de Zapopan había empezado a filmar de manera amateur unos cortometrajes (Doña Lupe y Geometría), que en lo sustantivo son homenajes al cine de terror y tributos a una fiera cinefilia, donde se aprecia lo que era despreciado por la “crítica culta”, Del Toro tiene una mirada que registra de otra manera el tema de la normalidad. Hace poco lo decía: “me salvaron los monstruos”.

En Cronos (1993) el cineasta propone esa fusión donde el monstruo se enfrenta a su condición humana y vive un dilema ético entre su conciencia y su necesidad; vale la pena recordar dos de los elementos que brillan: las espléndidas actuaciones y la artesanía de los efectos especiales, que son objetos plenos de vida y posibilidades estéticas. A partir de su llegada a Hollywood en 1997, en medio de una industria que se sumerge en la creación de imágenes digitales, él se mantiene fiel al modelo de rodaje de las películas que en su infancia fueron tan significativas. Los proyectos españoles El espinazo del diablo (cuyo primer tratamiento ubica a los personajes en la guerra cristera) y El laberinto del fauno muestran a un cineasta en el pleno dominio de su oficio.
En Hollywood vive en el torbellino de participar en muchos y diferentes proyectos, impulsado por su insaciable vocación cinéfila, en esa medida adquiere un doble oficio: es un productor constante y un director que afina siempre su oficio. Sus películas tienen un equilibrio entre un rodaje donde se respetan los cánones de la filmación “a la antigüita” y personajes que se enfrentan en una ambigua frontera donde el mal se entrelaza con el bien. Estos son los elementos que hacen que La forma del agua sea excepcional. Es una película que ha recibido 85 premios, obteniendo de manera constante el de mejor dirección.
La obra de Guillermo del Toro, en su excepcionalidad, tiene el aliento de lo universal. ¡Bienvenido a casa!

Gerardo Salcedo Romero
DIRECTOR DE PROGRAMACIÓN

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