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La vida distante en el Nuevo Cine Argentino

Invisible (2017) de Pablo Giorgelli

Un plano medio abre la cinta. Al centro aparece Ely, una adolescente de gesto adusto e indiferente a la vez, que mira de frente al que tendría que ser el pizarrón de un salón de clases mientras desde el fuera de campo escuchamos a su profesor hablar sobre las convenciones internacionales. El tiempo transcurre pero Ely ni se inmuta, no hay algo que le interese menos que el estatuto fundacional de los husos horarios. Ella está en otra parte, lejos de ella misma, de la clase pero también de la cámara. Invisible (2017), reciente filme del argentino Pablo Giorgelli, ensaya por un lado, sobre el fracaso de las instituciones en el digno desarrollo emocional y psicológico de las y los adolescentes, y por el otro, más interesante aun, en las posibilidades de capturar con la imagen cinematográfica aquello intangible que modela el mundo interior de cada persona.

 

Alienada, Ely es una adolescente con una vida aparentemente estable, que sin embargo, se encuentra mal. Como en Dos disparos (Martín Rejtman , 2014),  Juana a las 12 (Martin Shanly,2014) o El futuro perfecto (Nele Wohlatz, 2016)todas de reciente producción argentina, Giorgelli plantea, con delicada angustia, una adolescencia al borde de la depresión y el abandono. Con su madre enferma tras su despido injustificado, un ambigua relación con su jefe, un hombre mayor y casado, y las atenciones que el colegio le demanda, Ely deja pasar los días. La inesperada noticia de su embarazo y la determinante negativa de la enfermera (que en realidad es la de un país) para acompañarla en su decisión de no dar a luz, hacen tambalear las pocas certezas que tenía a la mano para mantenerse a flote. Lo interesante del filme radica en que el cineasta opta por alejarse del drama ocioso y decide aproximarse con su cámara al mirar y el sentir de la protagonista.

La cinta se inscribe de lleno en lo que el crítico de cine Quintín, llamaría el Nuevo Cine Argentino «No oficial», por su tratamiento temático y su crítica al uso de apoyos económicos institucionales al cine, y que tiene en el trabajo de Mariano Llinás, Laura Citarella y Alejo Moguillansky, entre otros, sus máximos exponentes. Un cine que, como Invisible confirma, propone desde su austeridad económica, que no formal, indagar en las distancias que envuelven al ser humano contemporáneo.

 

Eduardo Cruz
Marzo 2018

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