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Wiñaypacha: la comunidad al borde

Wiñaypacha (Eternidad), Óscar Catacora, Perú, 2017

En años anteriores se produjeron en México Sueño en otro idioma (Ernesto Contreras, 2017) y El sueño del Mara’akame (Federico Cecchetti, 2016), cintas donde la ausencia de una nueva generación que aprehenda el idioma y las tradiciones amenaza con derruir toda la cultura. En Wiñaypacha, primera película hablada en aymara, el problema se repite: Wilka y Phaxsi viven al pie de un nevado y afrontan su octogenaria existencia cada día con más limitaciones físicas preguntándose por qué su hijo, quien decidió migrar a la ciudad, no ha vuelto a visitarlos.

Dispuesta en un tono cuasi ceremonial, reforzado por la atemporalidad del plano fijo, los litúrgicos ayes de los personajes y la sacralidad de su cosmovisión, Wiñaypacha escenifica la extinción de la comunidad desde su núcleo primordial a través del pesado drama de los padres cuya religiosidad y buen vivir va agotándose con ellos.

Como parte de la nueva ola de etnoficción latinoamericana, Wiñaypacha recupera las preguntas del género: ¿cómo se valoriza el mundo indígena?, ¿qué se ficcionaliza y por qué? pero, dado su estatuto audiovisual, suma nuevos cuestionamientos: ¿cómo mira el director a los indígenas?, ¿hacia qué público capitaliza esa mirada? y exige una reflexión sobre nuestra propia mirada ¿neocolonial? como espectadores. En este laberinto Catacora, quien reclama influencias de Ozu (la disposición del plano), intenta legitimarse desde el patetismo del argumento pero vuelve a anclar la cultura a unos límites de pureza y eremitismo incapacitándola para franquear la barrera del tiempo y las generaciones.   
 
Samuel Lagunas     
Marzo 2018

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