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Del paisaje y la espera

Wiñaypacha (2017) de Oscar Catacora

En el preludio de su novela Zama, Antonio Di Benedetto entona una de las más bellas dedicatorias jamás escritas: «A las victimas de la espera» nos dice. Un gesto amable para con aquellos que, como a su personaje, las circunstancias les condenaron al margen de sus propias vidas. En Wiñaypacha, resplandeciente opera prima de joven cineasta peruano Oscar Catacora, en dónde el apabullante paisaje andino reclama el abandono de una pareja de ancianos, la espera por el regreso del hijo pródigo se instala como único guardián de la continuidad.

En medio de la montañas, el mundo opera con otro orden. El día a día a Willka y Phaxsi no obedece a los intereses de occidente y resiste en su sencillez. La cinta, sin embargo, reconocida por ser la primera hablada por entero en aymara, idioma nativo de la región, y que propone a través de la defensa del lenguaje la protección de una cultura y su cosmovisión, recurre a la grandilocuencia estética para establecer su punto. Mas allá de sus declaradas influencias al cine clásico —asiático y europeo—, la película, inevitablemente, se vincula en el apartado formal, a un cine mucho más contemporáneo. El paisaje en Wiñaypacha condensa la melancolía de la obra de Lisandro Alonso y la espiritualidad de las más recientes cintas de Oliver Laxe y Tatiana Huezo, para dotar al filme de la atmósfera justa para el trágico trascurrir de los acontecimientos.

No obstante en su conjunto la cinta levanta sospechas por su indefinición entre la sencillez de su propósito y la magnificencia de su forma, disyunción que permea el discurso total de la obra.

Eduardo Cruz
Marzo 2018

 

 

 

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