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Hacerse reflejo

Por Rafael Guilhem

As duas Irenes, cuenta el descubrimiento de la pequeña adolescente Irene sobre la segunda familia de su padre, quien tiene otra hija de la misma edad también llamada Irene. A partir de esto, Irene encontrará en la mentira de su padre pequeñas pistas para transformarse a sí misma.
En principio, Irene tiene un papel tangencial a los núcleos. Se encuentra siempre a la orilla de los hechos observando en vigilia a través de los pasillos y las ventanas; entreviendo en la oscuridad de la sala del cine cómo los chicos elaboran el amor con besos, o bien, expectante ante los jóvenes clavadistas/nudistas del río. Irene es tímida y un poco resentida por la poca atención que recibe debido a su corta edad. Cual puma en el momento previo al ataque de su presa, Irene mira sigilosamente los movimientos que reposan en su casa; a su padre durmiendo y soñando.

El lingüista inocente

Que Sueño en otro idioma, tercer largometraje de ficción del realizador mexicano Ernesto Contreras, haya ganado el Premio del Público en la última edición del Festival de Cine de Sundance despierta expectativa. Entiendo los motivos por los que puede abrir el gusto: es un filme que apela al rescate y apreciación de las lenguas indígenas, que describe con soltura los cambios culturales por los que pasan estas comunidades, y que invita al espectador a adentrarse en una cosmogonía que estima al amor como centro de vida. Sin embargo, estamos ante un filme irregular, que encuentra momentos de sumo lirismo para desembocar en cargas melodramáticas. Además, en su aparente generosidad se esconden problemas en relación al acercamiento de lo diferente y termina mostrándose demasiado ingenuo frente a la otredad.

Un simple encuentro

El nuevo largometraje de ficción del cubano Carlos Lechuga Santa y Andrés es un comentario crítico a la Cuba totalitaria después de la revolución. Sin embargo, el tratamiento de los personajes y la historia le permite a la película no estancarse en el simple panfleto. Santa es una mujer que trabaja en una granja y que es enviada para vigilar a Andrés durante tres días consecutivos ya que transcurre un evento político en la isla y es necesario evitar actos de oposición. Andrés es un escritor homosexual,  que según el gobierno, es un hombre peligroso. Un guiño insinuado al poeta Reinaldo Arenas, a René Ariza, a Guillermo Rosales, a toda una generación de escritores disidentes. Resuena también un fuerte eco del filme cubano Fresa y chocolate.

Todos los amigos del bar

La secuencia de créditos con que inicia El bar, último largometraje del español Alex de la Iglesia, puede despertar bajos instintos en el espectador: imágenes de garrapatas, gusanos y demás microorganismos expuestos en amplitud, como si los mecanismos con que devoran estuvieran bajo atenta observación. De ahí pasamos a un plano secuencia en que escuchamos las conversaciones de una serie de personajes mientras caminan por las calles del centro de Madrid y se dirigen a almorzar a un bar. De la Iglesia plantea un guion óptimo de las películas de terror: los personajes terminan encerrados ante la amenaza de un francotirador y las desfavorables acciones de la policía. Les queda la desconfianza, la sospecha ante el gobierno, la revelación de sus manías, y la desesperación ante el encierro.

Santa y Andrés: cuando las dos Cubas coexisten

Festival Internacional de Cine de Guadalajara
Talents Press Guadalajara

Davo Valdés de la Campa

Tenemos el vicio de pensar las cosas en términos binarios: mujer/hombre, negro/blanco, bueno/malo y conforme nos involucramos con una causa o una corriente ideológica los entramados se complican, incluso al grado de confundirse, de contradecirse. Algo así pasa con la Revolución cubana: o eres revolucionario, castrista o eres un marica, un traidor, un gusano. El dogma nos separa. Pero la praxis de la vida cotidiana responde de maneras tan distinas. Esa es la tesis de Santa y Andrés, segundo largometraje del cineasta cubano, Carlos Lechuga, película que desgraciadamente no ha podido verse en La Habana, porque los censores no consideran que el pueblo cubano deba verla.

Las dos Irenes, el triunfo de la infancia

Festival Internacional de Cine de Guadalajara

Talents Press Guadalajara

Davo Valdés de la Campa

Una niña, en el proceso de convertirse en adolescente, descubre que su padre tiene otra familia. Que en un pueblo aledaño en el cerrado de Brasil, tiene otra hija de la misma edad y que lleva el mismo nombre que ella: Irene. Así debe enfrentar al mismo tiempo su proio crecimiento, con la decepción de habitar una mentira, una que ha desmoronado las certezas de la infancia, mientras observa cómo su hermana mayor se convierte en mujer y le pasa la estafeta para llegar pronto a ese mismo punto. En un arriesgado movimiento Irene logra conocer a la otra familia e inicia una amistad con la otra Irene, desdoblándose en una vida secreta: una sucesión de mentiras como su mismo padre. Viviendo incluso a través de la otra Irene, probando las cosas que ella prueba, confrontando y aceptando sus contrastres, como niñas que descubren el mundo adulto abruptamente. Una espía y una participa y luego se intercambian papeles.

Términos intercambiables. Un comentario a Bruma de Max Zunino.

Por Rafael Guilhem

Filmar no es un suceso reducido al ámbito tecnológico. No es producto de un desarrollo histórico materialista ni tiene que ver únicamente con capturar la realidad desde un dispositivo audiovisual. El cine, como decía Alexander Kluge, es tan sólo una continuación de los sueños por otros medios. En ese sentido, las imágenes y sonidos tienen la posibilidad de ir más allá de sí mismos; de ser atravesados por los paisajes extensivos del pensamiento.

Niebla en Berlín

En el cierre de Bruma, del realizador uruguayo radicado en México Max Zunino, se informa al espectador de que el filme que acabamos de ver se realizó bajo técnicas de improvisación. Es un aviso que ayuda a reconocer sus condiciones de producción: un intenso manejo de locaciones, baja iluminación, cámara en mano y situaciones en que los personajes se embaucan en largas conversaciones por la ciudad. Pero también permite comprender que estamos ante una historia de carácter abierto, la de una chica mexicana (Sofía Espinosa) que en un momento de crisis viaja a Berlín para encontrar al padre que nunca conoció, en afán de replantear su lugar en la dinámica familiar. Es un filme inspirado en un recién movimiento del cine alemán que incita a una apertura creativa y a trascender las limitaciones presupuestales.