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Un simple encuentro

El nuevo largometraje de ficción del cubano Carlos Lechuga Santa y Andrés es un comentario crítico a la Cuba totalitaria después de la revolución. Sin embargo, el tratamiento de los personajes y la historia le permite a la película no estancarse en el simple panfleto. Santa es una mujer que trabaja en una granja y que es enviada para vigilar a Andrés durante tres días consecutivos ya que transcurre un evento político en la isla y es necesario evitar actos de oposición. Andrés es un escritor homosexual,  que según el gobierno, es un hombre peligroso. Un guiño insinuado al poeta Reinaldo Arenas, a René Ariza, a Guillermo Rosales, a toda una generación de escritores disidentes. Resuena también un fuerte eco del filme cubano Fresa y chocolate.


            Se trata, por lo tanto, de dos personajes aparentemente opuestos e irreconciliables; el único punto de encuentro es la soledad. No obstante, el relato fílmico irá cerrando esta brecha sin caer en clichés y soluciones fáciles. La manera en que los personajes se transforman es contada con mucha sutileza: el cambio en la manera de vestir de Santa, así como en la expresión de su rostro, el desplazamiento de la casa de Andrés hacia la parte más poblada de la aldea para internarse en el mundo de Santa. El choque de universos entre Santa y Andés hace que algo suceda de manera momentánea y permite la interrupción temporal de ese mundo totalitario y atroz en que están inmersos.
            Cuando de manera previsible el encuentro debe terminar, la película llega a su punto más alto en una secuencia en la que la situación política vuelve a poner a cada personaje en su lugar: la brecha entre Andrés y Santa vuelve a formarse, pero, el espectador lo sabe, los personajes han cambiado. Sí, Santa y Andrés es una película de crítica política, pero es capaz de ir más allá y contarnos la historia de un simple encuentro.

Carlos Armenta
           
           
           

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