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Santa y Andrés: cuando las dos Cubas coexisten

Festival Internacional de Cine de Guadalajara
Talents Press Guadalajara

Davo Valdés de la Campa

Tenemos el vicio de pensar las cosas en términos binarios: mujer/hombre, negro/blanco, bueno/malo y conforme nos involucramos con una causa o una corriente ideológica los entramados se complican, incluso al grado de confundirse, de contradecirse. Algo así pasa con la Revolución cubana: o eres revolucionario, castrista o eres un marica, un traidor, un gusano. El dogma nos separa. Pero la praxis de la vida cotidiana responde de maneras tan distinas. Esa es la tesis de Santa y Andrés, segundo largometraje del cineasta cubano, Carlos Lechuga, película que desgraciadamente no ha podido verse en La Habana, porque los censores no consideran que el pueblo cubano deba verla.

El filme se trata de un homenaje a todos los artistas exiliados, encarcelados y perseguidos por el regimen de Fidel Castro, tras el triunfo de la Revolución, específicamente a la figura de Reinaldo Arenas, poeta disidente que fue perseguido por el desencanto mostrado en sus obras al sistema político cubano y también por su homosexualidad. Su espíritu habita el personaje de Andrés, un escritor gay que vive en una suerte de arresto domiciliario en Cuba Oriental, cerca de las montañas. Hasta ahí llega Santa, una campesina, que por órdenes del regimen debe ir a vigilarlo e impedirle que se acerque al pueblo, ya que en esas fechas se realiza un Foro de Paz Internacional en la isla. Durante tres días se ven forzados a convivir y enfrentar sus personalidades, aparentemente opuestas, en un principio por sus valores ideológicos.

Durante este breve periodo de aislamiento los dos personajes comienzan a involucrarse emocionalmente. Borradas todas las líneas imaginarias se descubren como dos seres solitarios, devastados por el trayecto de la vida y trascienden cualquier pugna política, justo en la aceptación de sus diferencias. 

Santa y Andrés condensa de manera inteligente y sensible una colección de conceptos opuestos, entre sus dos protagonistas, personajes que dan nombre al filme, y en ese despliegue de diferencias, muestra sin sentimentalismos exagerados que en el fondo hay más cosas que nos unen los unos con los otros, que las diferencias que rigen nuestro comportamiento de animales sociales.

 

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