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Bruma, critica cinematográfica por Karly Gaitán Morales

Bruma, segundo largometraje de ficción de Max Zunino, nos convoca a entrar en las vidas íntimas de cuatro personajes; y estas pequeñas vidas y situaciones irónicamente están acompañadas de un background de ciudades cosmopolitas como México y Berlín. El filme ha sido ubicado por su propio autor en el género de cine experimental de improvisación por la forma como fue construido el proyecto, la filmación y creación de la historia, pero puede además identificarse con un cine de autor de tipo intimista, como sus primerísimos planos, diálogos, el sonido, intimidades e hilaridad del guion lo demuestran.

 Cuenta la historia de una mujer joven, inconforme de su vida en México, inconstante en su proceder, que esta vez se traza una aventura difícil: emigrar a Alemania sin hablar alemán, sin conocer a nadie allí, con solamente una reserva de alquiler de un apartamento; a una maleta se resumen sus pertenencias y está consciente de los riesgos que corre al estar sola, acompañada solamente por su embarazo, que durante el transcurso de casi toda la película es incipiente.

La narrativa fílmica llevará al espectador, por un efecto dramático de incressendo, hasta arribar junto con ella a la comprensión total de su situación. Cleptómana, incomprendida, inestable y un ser pasional hasta la irresponsabilidad, este personaje se observa bien logrado por la actriz Sofía Espinoza, sin embargo, falta fuerza y garbo en la caracterización de sus interpretaciones que nos haga llorar o sufrir con ella.

En estas circunstancias, secuencias y escenas que forman parte del engranaje del filme, podemos advertir el estilo personal del director. Algunos efectos de cámara y rústicos empalmes de planos que nuestros ojos pueden advertir fácilmente, además de haber sido filmado todo con cámaras en manos y siendo Berlín mismo la escenografía y las expresiones actorales son solo una enumeración de elementos que sustituyen la escasez de trabajos de escenografías, vestuarios y otros efectos que el cine a lo largo de su historia nos ha sabido mostrar.

En el filme no parece sobrar ningún diálogo, el encuadre fotográfico nos enmarca lo que el argumento y el guion nos sugiere conservar en nuestra memoria, y reparan las visiones que podemos tener de un filme de ese tipo, improvisado desde los paneos hasta el nervio central de su argumento. Todas estas descripciones nos invitan a ver el filme y no pasar por alto la oportunidad de que Bruma sea esa ventana al cine actual que se logra gracias a las nuevas tecnologías y por tanto a la reducción de costos de producción, sin dejar de ser un cine que vale la pena conocer.

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