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Niebla en Berlín

En el cierre de Bruma, del realizador uruguayo radicado en México Max Zunino, se informa al espectador de que el filme que acabamos de ver se realizó bajo técnicas de improvisación. Es un aviso que ayuda a reconocer sus condiciones de producción: un intenso manejo de locaciones, baja iluminación, cámara en mano y situaciones en que los personajes se embaucan en largas conversaciones por la ciudad. Pero también permite comprender que estamos ante una historia de carácter abierto, la de una chica mexicana (Sofía Espinosa) que en un momento de crisis viaja a Berlín para encontrar al padre que nunca conoció, en afán de replantear su lugar en la dinámica familiar. Es un filme inspirado en un recién movimiento del cine alemán que incita a una apertura creativa y a trascender las limitaciones presupuestales.

 

El problema es que el filme responde a una idea tergiversada de la improvisación y entrega más bien un drama impostado, incapaz de despertar algún tipo de interés o empatía. En lugar de alimentar el proceso creativo de los actores para crear condiciones de suspenso, el filme se limita a verlos reaccionar, a asumir su papel de turista intransigente ante una ciudad que responde siempre de forma generosa. Por momentos es aliciente cuando aparece la artista transgénero Dieter Rita Scholl pero sus escenas son escasas y las observaciones a la escena sexual de la ciudad se diluyen entre los caprichos de los personajes y onirismos inexplicables. El cuidado y la precisión que Zunino había dado a su anterior largometraje, Los bañistas, aquí quedó a la deriva.

Hammurabi Hernández

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