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Homenaje
Póstumo

Héctor Babenco

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La vida de Héctor Babenco tiene algo que pertenece a los exploradores y pioneros del siglo XVI: no necesariamente regresa al punto de origen. Nace en 1946, en Mar del Plata. En ese mundo donde comenzaba la guerra fría, donde prominentes nazis encontraban refugio en varios países latinoamericanos y en el auge de los cines nacionales que se habían beneficiado del poco entusiasmo que las películas de propaganda bélica de Hollywood generaban. A los 18 años, ante los constantes conflictos con su padre, Babenco emigra a Europa donde es tomado en cuenta como extra, a través de una implacable tenacidad llega a ser asistente de cineastas como Mario Bava, Mario Camus y Sergio Corbucci. Después de su inmersión en los géneros más populistas del cine europeo, Babenco se dirige a Sao Paulo, la capital cultural del Brasil.

En 1975 debuta como director de películas de ficción con Rey de la noche. Afina su método de trabajar con pocos recursos y ubicar al relato en las leyes de los géneros fílmicos con su segundo largo, Lucio Flavio (1977), crónica de un gángster local. Su primer gran éxito llega en 1981, a los 35 años, cuando emprende la adaptación de la novela de José Louzeiro sobre la vida de los niños de la calle en Sao Paulo: Pixote. Su método de filmación, a medio camino entre el documental y el neorrealismo italiano, resulta ser particularmente atractivo para los cineastas del continente.
El siguiente paso es más arriesgado: adaptar la novela de Manuel Puig llamada El beso de la mujer araña, que describe el encuentro, en la cárcel, entre un homosexual cinéfilo del cine clásico norteamericano y un endurecido guerrillero. El estreno en 1985 adquiere una insólita relevancia ante la circunstancia de que, por fin, en 1984, se ha reconocido que el SIDA es una epidemia. Su exhibición ocurre durante una de las más fuertes campañas de homofobia del siglo XX. Al ser una coproducción Brásil-EUA, El beso… se estrena en Nueva York donde es aclamada. La película se exhibe en toda Europa y América Latina. Es el primer director latinoamericano nominado al Oscar. Aquí culmina la experiencia del pionero.

En 1994 le detectan un agresivo cáncer y su vida se transforma en una batalla de 22 años. Su pasión por el cine, a pesar de la enfermedad, le permite culminar su carrera con un relato autobográfico: Meu amigo hindu.

En su homenaje póstumo la revista Variety lo llamó: el bardo de los desamparados. En el cine fue uno de los maestros que provocó un cambio profundo en el rostro de nuestras cinematografías.

— Gerardo Salcedo Romero
Director de programación

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